Claves para evitar accidentes en el agua

Noticias de Ciencia/Salud: Domingo 13 de diciembre de 2009 Publicado en edición impresa
Para disfrutar sin riesgo de las piletas y los deportes acuáticos
Pediatras elaboraron un documento para prevenir el ahogamiento, que es la segunda causa de muerte en menores de 15 años
Fabiola Czubaj
LA NACION
El calor ya invita a zambullirse en la pileta o a preparar el kayak o la moto acuática para disfrutar del río o del mar. Por eso es muy oportuno tomar algunas precauciones con los chicos y los adolescentes para evitar los accidentes.
Pero ¿cuál es el mejor chaleco salvavidas? ¿Hay que usar casco para andar en moto de agua? ¿Sirve la matronatación para aprender a nadar? ¿Cuándo se considera segura una pileta? ¿Conviene zambullirse en un espejo de agua? ¿Cuándo es seguro llevar un bebe a bordo?
Las respuestas, elaboradas por un grupo de pediatras especializados en prevención de accidentes, ayudan a evitar el ahogamiento, la segunda causa de muerte en los menores de 15 años. "La «noción del peligro», que es un conjunto de percepciones y aprendizajes que resguardan la integridad física, se adquiere a alrededor de los 4 años", precisan los autores del Consenso Nacional de Prevención del Ahogamiento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Esa es la mejor edad para empezar con las clases de natación, que suelen ser más efectivas cuando están a cargo de un profesor y no de un familiar. El contacto previo con el agua, como ocurre con la matronatación, "sirve para que el chico tome confianza con el agua y que aprenda a disfrutar y a respetar el agua, pero no para que aprenda a nadar ni a mantenerse a flote; además, puede generar en los padres una falsa sensación de seguridad. Con la primera bocanada de agua que traga un chico, ya no puede gritar ni pedir ayuda", explicó el doctor Carlos Nasta, presidente de la Subcomisión de Prevención de Accidentes de la SAP y redactor del documento.
Junto con él, 38 pediatras revisaron todas las normas nacionales e internacionales para prevenir los factores de riesgo asociados con las actividades en el agua de chicos y de adolescentes. El trabajo reveló una gran desorganización de esas normas. "Existe una gran desinformación y una gran dispersión de la información, que también es ambigua, contradictoria o deformada. Esto es apenas un puntapié fundacional a un documento serio y ordenado."
El chaleco, incluido para los menores de 4 años, se debe comprar según el peso y no la edad de los chicos. Debe mantenerlos a flote, con la cabeza fuera del agua; tener una abertura en el frente, con tres broches de seguridad como mínimo y una correa no extensible, que una la parte delantera y trasera por la ingle con un broche.
Los expertos desaconsejan el uso de brazaletes inflables, colchonetas, cámaras de automóvil o los salvavidas anulares clásicos de las embarcaciones porque "no ofrecen ninguna garantía", ni siquiera en una pileta segura.
En los arroyos, los ríos, las lagunas o el mar, la turbidez, los pozos de agua y la contracorriente actúan como "trampas" para los chicos, ya que facilitan el desplazamiento del cuerpo al sumergirse e impiden reconocer rápidamente signos de agotamiento. Para ingresar en un espejo de aguas oscuras, recién a partir de los 8 o 10 años, un chico debe hacerlo caminado lentamente y de la mano de un adulto. La primera inmersión es conveniente hacerla con zapatillas livianas para evitar lesiones.

Edades adecuadas para navegar
El consenso recomienda no llevar a pequeños de hasta 2 años a bordo de embarcaciones de remo (kayaks, canoas, piraguas o botes), con motor fuera de borda (gomones, motos de agua o lanchas pescadoras) o con velas. A partir de los 2 años, pueden hacerlo, pero con chaleco y junto con un adulto que sepa nadar.
El uso del optimist está permitido a partir de los 8 años, con vigilancia; el kayak y la piragua, desde los 10 años con curso de entrenamiento y chaleco; las motos de agua, a partir de los 16 años, a baja velocidad y con el chaleco puesto. "El uso del casco es polémico -se lee en el documento, que se puede conseguir en la SAP-. Sus ventajas ante un vuelco en el agua son obvias. Su desventaja sería la sofocación por la correa de seguridad y el ahogamiento al llenarse de agua."
Siempre, los expertos recomiendan que el responsable de supervisar las actividades en el agua no se distraiga, tenga visión directa de los chicos y conozca las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), que evitan la muerte inminente.

CHICOS ROCIADOS CON PESTICIDAS TRABAJAN COMO BANDERAS HUMANAS.

Quien sabe que se comete un crimen y no lo denuncia es un cómplice

José Martí

El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.

'A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza'.
Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@ msn.com


LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA

Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe

Diario La Capital

Las Petacas, Santa Fe, 29 septiembre 2006

El viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.
Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.
Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.
'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'.
Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.
El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.
Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar..
Los rocían con 'Randap' y a veces '2-4 D' (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos.
Tienen un olor fuertísimo.

'A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.
No hay protección de ningún tipo.
Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos.
'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados.
Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.
A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados.
-Nos buscan dos productores.
Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.
Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día.
No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados.
A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños.
El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.
La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.
No hubo avances.
Los pibes siguen de banderas.
Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.
Fuente: Diario La Capital, Rosario, Argentina

Mostrando entradas con la etiqueta Comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comunicación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de marzo de 2013

El valor simbólico de la palabra.

Ana María Martorella.

Resumen   [texto completo]
Filogenéticamente, las neurociencias demuestran que nos diferenciamos de otras especies animales, aún de los primates más evolucionados, por la telencefalización del cerebro, especialmente nuestro lóbulo frontal izquierdo donde se ubica la función del habla como forma de expresión verbal codificada. La palabra concreta se torna subjetiva, porque la misma palabra evoca en cada uno de nosotros sentimientos y emociones diversos. Entonces, el presente ensayo, intenta reflexionar sobre el valor de la palabra que no sólo se pronuncia y se escribe, sino que además es uno de los pilares de la primera gran obra psicoanalítica, “La interpretación de los sueños”, que proporciona las vías de acceso centrales a la escritura de la “otra escena”. Se la estudia a partir de uno de los primeros seminarios de Lacan donde se refiere a la lectura, a la relectura de la letra de Freud en el “Seminario sobre la carta robada”. También se analiza la transformación de la modalidad lógi ca en modalidad verbal y vulgar en el sentido común de Occidente; a la vez que la lengua representa la filiación y la judicialidad del culto a los antepasados; y que el juego infantil tiene la cualidad del lenguaje. Se puede concluir que la interpretación utiliza como recurso la palabra: la palabra escuchada y la palabra respondida; palabras que no logran desprenderse totalmente de lo subjetivo, de las emociones y de las valoraciones personales de los dos participantes intercambiables y causales de este proceso: el que enuncia y el que escucha o lee. 


http://www.psiquiatria.com/congreso/2013/atprimaria_y_sm/articulos/57057/ 

lunes, 23 de enero de 2012

CON TAL QUE SEA SANITO 27 02 2011 0001




Los invito a escuchar nuevamente Audición Radial "Con tal que sea sanito". Se desarrollan temas tales como conductas de crueldad animal y adolescencia, los efectos de las redes sociales.

domingo, 16 de octubre de 2011

Mujeres, profesionales y mamás 3.0

Domingo 16 de octubre de 2011

Publicado en edición impresa

Día de la Madre / Modernas y tecnológicas



Cada vez son más las madres que utilizan todas las redes sociales para conectarse con sus hijos mientras trabajan

Por Laura Reina
LA NACION


Reciben las notas de los chicos por mail; organizan los cumpleaños y comparten fotos por Facebook y se mantienen todo el día en contacto con sus hijos a través de mensajes de texto, Twitter o Skype. La maternidad ya no es lo que era, especialmente desde la irrupción de las nuevas tecnologías que redefinieron las relaciones familiares y dieron lugar al nacimiento de unas nuevas madres, las 3.0.




María José García Menéndez es mamá de tres hijos: una mujer de 21 años y dos varones, de 18 y 9 años. Ella se subió a la movida twittera mucho antes que sus hijos y hoy se ufana de tener más seguidores que ellos. Inclusive, hasta hizo un grupo de amigas a través de la red social de la que es fanática, y creó el blog unamadrey140caracteres.com.ar,en el que desarrolla en profundidad algún tweet casi siempre relacionado con sus hijos.



"Con ellos no competimos por ver cuántos seguidores tiene cada uno, porque yo tengo muchos más que ellos dos juntos. Y la verdad es que yo me enganché con Twitter mucho antes que ellos, que estaban más con Facebook. Es más: sus amigos me siguen y a veces es un problema porque no tengo mucho filtro", reconoce.



García Menéndez pertenece a una generación que tuvo que aprender a usar los medios tecnológicos, pero hoy los maneja con total naturalidad. "Siempre me interesó la tecnología. En 1980 tuve mi primera computadora. En mi familia somos todos así: inclusive, a veces, dentro de casa, nos comunicamos por Twitter o por el MSN de BlackBerry. Estamos siempre conectados", asegura.



Gabriela Fuster, de 35 años, es mamá de Lolo, de dos. Por trabajo viaja constantemente, en especial a Estados Unidos, y encontró en la tecnología la manera de mantenerse siempre en contacto con su pequeño hijo. De hecho, hoy, pasará el Día de la Madre en Atlanta, pero estará presente vía Skype.



"Al principio, Lolo no entendía bien lo del Skype. Ahora la tiene clarísima. Es increíble ver cómo se relacionan naturalmente con la tecnología. Para mí sería muy difícil viajar y no poder tener contacto con él. Hoy es mucho más fácil, el hecho de que te vea en directo hace que la distancia no sea tanta", asegura Fuster, que también se conecta con Lolo por Skype todos los días desde su oficina.



"Para mí es mucho más cómodo porque yo estoy siempre conectada y a él le interesa más tener la imagen de su mamá que hablar por teléfono con ella. Por eso a la niñera trato de enseñarle a usar las nuevas tecnologías", dijo Fuster.



Ella y su marido siempre suman los últimos gadgets para estar actualizados. Y Lolo, claro, también los tiene: "BlackBerry, iPod, iPad, televisión en red con la computadora... Lolo tiene su PSP portátil donde juega y también está la PlayStation en casa".



Betina Suárez es licenciada en Comunicación, especializada en nuevos medios. Tiene dos hijas: Esmeralda, de nueve años, e Isabella, de cuatro. Además, dirige la consultora Lazos. Su vida está atravesada por la tecnología, ya que además tiene el blog mujermadreargentina.com.ar, en el que relata muchas de las cosas que tienen que ver con la maternidad.



Suárez está convencida de que la tecnología es muy positiva para los niños, pero siempre que los padres puedan monitorearlos. "En casa todo se conecta. Yo soy usuaria muy activa de redes sociales, como Twitter o Facebook. Mis hijas son nativas digitales, son chiquitas, pero ya usan todo tipo de dispositivos, aunque de forma controlada", cuenta Suárez.



Esmeralda, la mayor, tiene un perfil en Facebook, pero limitado. "Me interesa que conozca lo que es la red social. Por su edad, no debería tenerlo, pero como todos los amigos tenían, le habilitamos una cuenta y le hicimos el perfil. No puede habilitar amigos si yo no lo apruebo, yo puedo ver lo que ella postea, pero ella no puede ver lo que yo posteo... Las redes están llenas de posibilidades, el problema es el uso que se les den", dice Suárez.



Isabella, la menor, está totalmente familiarizada con los e-books. "Tiene Kindle, un dispositivo portátil que permite comprar, almacenar y leer libros digitalizados creado por Amazon. Ahí tiene cargados un montón de libros que acá no se consiguen y sabe usarlo a la perfección", contó Suárez.



"El uso de nuevas tecnologías está buenísimo para los chicos, los va a preparar para la vida. Son herramientas fantásticas. Pero cuando están conectados, siempre deben estar controlados por los padres. La computadora debe estar en un lugar visible y el tiempo de conexión debe ser limitado."



CONSEJOS



Control : cuando los chicos están conectados a Internet, siempre deben estar controlados por los padres. Hay que dejar que naveguen por sitios acordes a su edad y a su realidad.



Lugar visible : la computadora debe estar en un lugar visible, en un ambiente familiar, nunca en su habitación. Hay que decirles que dejen las ventanas abiertas en la PC para que los padres puedan ver por dónde navegaron.



Tiempo limitado : el tiempo de conexión debe ser limitado para que puedan realizar otras actividades, además de usar la computadora.

.


viernes, 15 de julio de 2011

¿Podrá hablarse de ‘ninguneo’ académico en Medicina?

¿Descalificación o desacuerdo?

¿Cómo se valoran, en las facultades de medicina, las diferentes materias que integran la curricula?

Dr. Ricardo Ricci
IntraMed

Toda aproximación a la realidad no es mera coincidencia. Las experiencias nuestras de cada día van mostrándonos realidades que luego expresamos por escrito. Salvo que rotulemos nuestro trabajo como de ficción pura, cualquier proposición en la pluma de un autor tiene, de manera directa, una vinculación con sus propias experiencias y con su única manera de ver el mundo y los eventos que en él ocurren.
El tema que actúa como disparador del presente trabajo, está relacionado con los modos en los que se valoran, en las facultades de medicina, las diferentes materias que integran la curricula de las carreras de médicos. Ocurre que en reuniones de profesores, aún en las de más alto nivel, la valoración del trabajo propio y el trabajo ajeno no se realiza con la misma vara. De ese modo, es común observar sobrevaloraciones del trabajo propio, acompañadas o no por actitudes de menosprecio del trabajo de los colegas de la misma unidad académica, es más, de la misma carrera. En una época en que los procesos de integración de los saberes va ganando cada vez mayor lugar y prestigio, algunos profesores, de manera culposa, no dolosa, invitan con sus opiniones a la desintegración más criticada.
‘Ningunear’ es un verbo desafiante, polémico, y está muy de moda en el lenguaje coloquial, no parecería adecuado para formar parte de un texto académico. Siendo esto rotundamente cierto, el término se aplica adecuadamente por su fuerte carga descriptiva y por su impacto semántico. ‘Ningunear’ hace referencia a la subvaloración de determinada postura o posición conceptual de otra persona. Ningunear – para mí fue una sorpresa - se encuentra en el diccionario de la RAE, en donde dice que es el acto de quitar valor, o de menospreciar a otro. Esto puede realizarse de manera consciente, aunque en general, en los ámbitos educativos, se produce mediante deslices o actos fallidos, que producen considerable daño sin que esa haya sido la intención del opinante. Justamente por eso hablo de culpa y no de dolo, es decir no imputo a priori intencionalidad alguna a las actitudes a las que me estoy refiriendo.
En teoría de la comunicación se dice que, respecto del interlocutor se pueden tomar tres actitudes posibles: la confirmación, la desconfirmación y la descalificación. La primera se trata de afirmar o reforzar la opinión de la persona con la cual se está interactuando. La segunda consiste en manifestar desacuerdo con la ponencia del otro. Ambos modos suponen el reconocimiento de la existencia del otro como un ‘alter’ con el que se concuerda o no. La última es la descalificación, en ella se hace como que el que sostiene su opinión, no dijo nada. La descalificación es negadora de la existencia del ‘alter’. No es una cuestión relacional menor, propiamente no se manifiesta desacuerdo con la postura ajena, peor, niego que exista esa postura. En las dos primeras hay un explícito o tácito reconocimiento de la existencia de quien sostiene una determinada argumentación con la que estoy o no de acuerdo. En la descalificación por el contrario, se niega la existencia de quien sostiene ese argumento. Pasamos por lo tanto de una discusión sobre el contenido, estar o no de acuerdo, a una cuestión de tipo relacional: existe o no existe como interlocutor. Está abundantemente estudiado y fundamentado que la gravedad de los problemas relacionales es mucho mayor que la de los problemas de contenido.

Por ejemplo: puedo o no estar de acuerdo con una persona y en ambos casos decírselo razonablemente o ejerciendo algún tipo de violencia. Esa es una realidad en la que se reconoce la existencia del otro en frente de mí. Descalificar, por el contrario, consiste en hacer de cuenta que el otro no existe, no le dirijo la mirada, no incluyo sus comentarios en la discusión, sus puntos de vista son soslayados, no lo incluyo en el intento de lograr una conclusión, es decir, niego su existencia como interlocutor.
En síntesis, las relaciones interpersonales en cualquier ámbito en el que deseemos considerarlas, se fundamentan en el reconocimiento de la otra persona, el disenso o el consenso se asientan sobre la existencia reconocida del otro. La descalificación, en cambio, es la ausencia de interacción. ¿Cómo se llevará a cabo la comunicación, si uno de los dialogantes tiene negada su existencia por parte del otro? Con la descalificación se imposibilita el intercambio comunicativo y cualquier pretensión de proyecto en común o de consenso, carece lógicamente de posibilidad.
Por ejemplo: En una discusión sobre un conflicto salarial, el empresario discute con el delegado del sindicato sobre la cuestión de los sueldos. Uno justifica su postura, y el otro sostiene enfáticamente la suya. Resulta que, en la misma mesa de discusión, está un obrero que ha venido a plantear cuestiones salariales y de seguridad laboral. La polémica se desarrolla alrededor de los sueldos, las cuestiones del obrero son desoídas sistemáticamente. El obrero decide levantarse incómodamente de la mesa, y la discusión frenética sigue adelante como si él nunca hubiera estado sentado allí. Podríamos decir que el obrero fue descalificado, ignorado, ninguneado. La realidad relacional es que el asalariado – a los fines comunicativos - nunca estuvo sentado a la mesa de diálogo.
La casa como metáfora:
Cuando se desea construir una casa, lo primero que se hace es ver adonde va a ser edificada. Luego se ensayan algunos planos y finalmente se elige el que está más de acuerdo con las necesidades de quien va a habitarla. En una primera etapa, se plantean los cimientos y se lleva a cabo lo que es la fundación de la casa, es decir, se hacen las bases sobre las cuales se continuará construyendo el edificio. Esos cimientos se hacen a conciencia, son los fundamentos de la casa, en ellos no se escatima en cemento, ni en piedras, ni en acero. Una vez que esta etapa concluye satisfactoriamente, se comienzan las columnas que constituyen el esqueleto de la casa, luego las paredes básicas de soporte, y finalmente el techo. Al tiempo se comienzan a hacer las paredes interiores, a colocar las puertas y las ventanas. Lugo vendrá el contrapiso, el piso, la instalación eléctrica, el gas, y todos los detalles que sería muy extenso comentar.
Sería aventurado, aún cómico que quien coloca el techo de la casa, se atribuya a sí mismo la autoría de la casa en su totalidad. Diríamos que es un disparate si el que está colocando el piso y terminando con los detalles interiores, afirmara que gracias a él la casa está ha tomado forma. Quien hace los cimientos, mal puede atribuirse la autoría de un edificio que aún no ha sido construido.

Lo que decimos cae por el propio peso de lo obvio, es irrefutable a tal punto que hasta nos parece trivial hacer el comentario. Que uno de los integrantes de un equipo de trabajo que a lo largo del tiempo consigue un logro arquitectónico se erija en el hacedor universal del producto finalizado, es por lo menos un despropósito.
El ámbito académico como realidad.
Con frecuencia ocurren en los ámbitos académicos situaciones que pueden asemejarse demasiado a la expuesta en la metáfora de la casa. Situaciones en las que, sin pretensión de sacar ventaja alguna, se producen discursos valorativos un tanto inadecuados.
En las carreras de medicina, es frecuente que se menosprecie el trabajo de los profesores y de las cátedras del llamado ciclo básico. En ese período se imparten las nociones elementales de la formación de un médico entre las que se encuentran, Anatomía Normal, Biofísica, Bioquímica, Fisiología, Histología, etc. Se entiende desacertadamente que esas materias, sus contenidos y las competencias en ellas impartidas, no hacen propiamente a la formación de un médico. Las infravaloraciones provienen en general de los profesores del llamado ciclo clínico, en el cual se dictan las Clínicas, las Cirugías y las especialidades. En oportunidades se menosprecian competencias que se adquieren en módulos como los de Cirugía Experimental. Un avezado docente llegó en una oportunidad a decir: “De que sirve que los estudiantes hagan mil y un puntos de sutura sobre la piel de cerdos, si lo que se necesita de ellos es que estén en condiciones de hacer suturas en el cuero cabelludo de un paciente concreto, que ha recibido una herida cortante producida por un impacto de botella en su cabeza”. Comentarios de este tipo, irritan en demasía a quienes se dedican a la formación de los estudiantes en sus etapas iniciales. Los escenarios en los que esos comentarios son expresados varían, en determinadas reuniones hasta resultan jocosos, mas los docentes dedicados al ciclo básico de la carrera de médicos se sienten menospreciados en cualquier caso.
No hay médico que se atreva a sostener en público que el ser humano es sólo un cuerpo, nadie se atrevería a argumentar a favor de que lo mental es secundario en los pacientes con los que habitualmente trata. Es más, se habla de unidad, de persona, de integralidad cuerpo – mente. Las neurociencias actuales están dando pasos que permiten sostener la unidad mente – cuerpo con mayor fundamento que nunca en la historia de la humanidad. A pesar de eso, en algunas facultades de medicina, y en actitudes de algunos docentes, se percibe que las materias, Salud Mental, Psicología Médica, o Psiquiatría, son poco consideradas, se las coloca en un segundo plano. Suele decirse que los psiquiatras son ‘raros’, que hablan mucho pero que no dicen cosas concretas, que hay mucha teoría pero poco acuerdo terapéutico.

En la práctica médica se soslaya la patología psiquiátrica, o se la considera de importancia menor. Es común que en las guardias médicas se menosprecie una florida sintomatología diciendo: “es ‘sólo’ una H”, haciendo referencia a que la paciente padece una histeria de conversión.

Parece que no se considera académicamente correcto proponer a los estudiantes obras literarias que son muy ilustrativas a la hora de ejemplificar la patología psiquiátrica. “La enfermedad y sus metáforas”, Rey Lear”, “La muerte de Ivan Ilich”, “El jugador” y muchas otras joyas de la literatura son desvalorizadas porque no tienen una ‘directa’ pertenencia a las cuestiones médicas.
Ningún médico se atrevería a decir en público que la Relación Médico – Paciente es una cuestión de menor cuantía. Todos, cual más cual menos, tienen una anécdota en donde su buen trato con el paciente resultó en alguna cura milagrosa, o en alguna revelación humana digna de ser contada en público, incluso en conferencias o congresos médicos. Nadie, se atrevería a decir que en una facultad de medicina no resulta necesario que se desarrolle el tema con seriedad en algún espacio académico. En nuestra facultad, el vasto tema de la Relación Médico – Paciente (RMP) se trata en la materia Antropología Médica. Aún así, en general cuando se habla de la interacción de los médicos con sus pacientes, la cuestión queda liberada a la mera anécdota o a la expresión de deseo. La RMP constituye propiamente el eje de la práctica médica. Para interactuar correctamente con un paciente, hace falta un poco más que desear causarle un bien; debemos instrumentar a nuestros estudiantes con nociones de la teoría de la comunicación humana, con los principios básicos de las habilidades comunicacionales, con conocimientos de lingüística y de lenguaje no verbal, aplicables al encuentro con el paciente.

Nuestros estudiantes deben ser nutridos con las características socio – culturales de los conceptos de salud y enfermedad, deben estar advertidos de que ambos conceptos representan realidades existenciales humanas, modos de estar en el mundo de los seres humanos. Deben estar capacitados para sopesar la realidad de que la sociedad asigna significación y sentido a la salud y la enfermedad, a la vida y a la muerte, a la curación, al cuidado y al fracaso terapéutico. Todos los médicos debemos conocer detalladamente acerca de las representaciones sociales que poseen tanto la salud, cuanto la enfermedad; de las relaciones de poder que se suscitan en la consulta, y que pueden tener como resultado la omnipotencia médica y el anonadamiento de los pacientes. Debemos ser conscientes de que nos movemos en un ámbito, el sanitario, con códigos muy particulares que frecuentemente llevan a la despersonalización tanto de los pacientes, como del equipo médico.

Nuestros estudiantes deben estar advertidos de que se hallan inmersos en comunidades de significación, que son portadores de sentido. El rol de médico está cargado de connotaciones sociales que lo vinculan con la salvación, la vida, y también con los prejuicios, el poder y el desarrollo económico.

Alguien debe advertir a nuestros estudiantes de que se hallan inmersos en un paradigma médico dominante o excluyente, en donde lo que se prioriza es lo bio – molecular, en el cual el inmenso desarrollo tecnológico a opacado la labor que los hombres desempeñan. El paradigma médico hegemónico no deja ver posibilidades alternativas, como todo paradigma se propone como invisible a los ojos propios, y como inconmensurable, ilimitado, omniabarcativo. Nosotros y nuestros estudiantes, debemos descorrer el velo que tenemos ante nuestros ojos, aquel que no nos permite ver que la humanidad ha desarrollado formas alternativas de diagnóstico y tratamiento. No es este el lugar para hacer juicios de valor acerca de ellas, incluso no creo poseer acabadamente los elementos para realizar esos juicios. Sin embargo, el estudiante de medicina debe estar despierto a la realidad que lo rodea. Deben ser conscientes de la existencia de mundos etiológicos y terapéuticos diferentes. De ese modo, no se sorprenderían como suelen hacerlo, cuando ven que los pacientes hacen fila para que el curandero vecino a su Centro de Atención Primaria los atienda. No se sorprenderían de los fracasos de los planes de prevención del sistema de salud, estarían preparados para hablar el lenguaje de aquellos a los que pretenden curar, de aquellos a los que pretenden instruir en la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud. Nuestros estudiantes dicen: “las madres sólo van al CAPS (Centro de Atención Primaria de la Salud), por que les damos las cajas de leche, si no les daríamos nada, no irían”. El curandero no da leche ni nada, sin embargo su ‘consulta’ está colmada. Es probable que tengamos algo para aprender de ellos, por lo menos preguntarnos acerca de su metodología, del trato que brindan a sus pacientes, de cómo se hace para compartir un espacio de significación y de sentido.

Estas y otras muy numerosas cuestiones son desarrolladas en una facultad de medicina por las materias que se han dado en denominar Humanidades Médicas. Estas incluyen Sociología Médica, Ética biomédica, Historia de la Medicina, Antropología de la Salud y la Enfermedad, Lingüística aplicada a la Medicina, Epistemología Médica, etc.
Para concluir provisoriamente:
No se trata de abandonar un modo de hacer medicina, ni de criticarlo gratuitamente. No se trata de desconocer la indudable capacidad diagnóstica, terapéutica y pronóstica de la denominada Medicina Científica. No se trata de proponer un replanteo curricular, se trata de respetar lo que ya se halla establecido. Se trata de ampliar la mirada de modo que nos resulte habitual el planteo alternativo. Se trata de valorar en la justa medida las diferentes perspectivas que se tienen de una misma realidad, la Medicina. De una vez por todas es conveniente bajarnos de los pedestales tradicionales, y permitirnos nuevas formas de observación de la realidad. Es tiempo de asumir la integración de los saberes de una manera cabal, de modo de generar nuevas síntesis que redunden en beneficio de nuestros pacientes y de nosotros mismos.

La física, las matemáticas, la geometría, la misma biología, han advertido a veces dolorosamente, que son sistemas epistémicos inconclusos, provisorios, falibles. Saben que la coherencia interna y la consistencia de sus propios sistemas de conocimientos son, llegado un punto, endebles. Dicho esto no parece apropiado reclamar para la medicina verdades indubitables, tampoco resulta conveniente establecer prioridades inamovibles. La medicina, no siendo una ciencia sino una práctica que se apoya en ‘verdades’ científicas, debe mantener abierta su mirada teniendo en cuenta la variedad de recursos con los que cuenta para cumplir su misión de mitigar el dolor humano. En una facultad de medicina conviene instruir a los alumnos para que ellos mismos puedan desarrollar esa mirada amplia. Reclamar para la medicina actual esa amplitud, equivale a demandarle plasticidad para acomodarse a situaciones harto diferentes y exigirle nuevas integraciones y nuevas síntesis apropiadas para un mundo complejo, variante, diverso, e incierto.

En este contexto es que nos parecen inadecuadas las actitudes de docentes que reclaman para sí y sus materias, la cima única del saber médico. Bajo las circunstancias mencionadas, parece ser más adecuado sostener posturas sólidamente fundadas, que a la vez tengan la flexibilidad como para permitirse dialogar de igual a igual con saberes epistémicamente diferentes.
Nadie puede reclamar para sí la hegemonía del saber médico en una facultad de medicina, antes bien se debe reconocer el esfuerzo de los demás colegas docentes que nos han precedido en esta carrera de postas. El estudiante de medicina, extendiendo esta metáfora, es el testimonio que todos debemos hacer llegar a la meta.
Cuando en reuniones de profesores se establecen prioridades pretéritas, envejecidas, sosteniendo que llegado a cierto punto de la carrera el estudiante debe aprender a ser médico, y que para ello es menester que se dedique en exclusiva a ‘mí’ materia que es la que hará de él un médico. Esto se parece mucho a lo que en un comienzo nos referíamos acerca de sobre valorar la actividad propia, y menospreciar la ajena en un contexto como el académico que debiera caracterizarse por la integración de los saberes – de Universo, uno y diverso, proviene la palabra Universidad – de lo contrario estaríamos incurriendo en lo que propongo denominar “ninguneo académico”. La academia es el sitio del respeto, de la tolerancia, del intercambio entre los iguales, de los encontronazos entre las ideas, de la intersubjetividad, y de la amistad que nos potencia.
Sirvan las presentes líneas, para proponer un espacio mental de reflexión más que para hacer una crítica mordaz, destructiva; en definitiva, todos somos responsables del ambiente uno y múltiple que se crea en una Facultad de Medicina.
Por Ricardo Teodoro Ricci
(*) Prof. Dr. Ricardo Teodoro Ricci
· Médico Clínico
· Especializado en Comunicación Humana y Sistemas Humanos
· Titular interino de Antropología Médica (Grado)
· Adjunto a cargo de Epistemología (Posgrado)
Facultad de Medicina
Universidad Nacional de Tucumán

lunes, 20 de junio de 2011

¿Cuáles son las neuronas más bellas?

20 JUN 11 | Sistemas de neuronas en espejo

Estas nuevas niñas mimadas de la neurobiología vienen, según dicen, a dar vuelta todos los conceptos existentes sobre la mente y la conciencia.

Página 12

Para algunos, hasta permiten leer el pensamiento. Acción, empatía e imaginación, todo en las mismas neuronas y por el mismo precio.

Por Marcelo Rodriguez

Se dice que el descubrimiento de los sistemas de neuronas en espejo posibilita el viejo sueño de “leer la mente”, lo cual en rigor no es cierto, pero amenaza serlo a fuerza de tanta repetición. Afinando un poco la puntería, el conocimiento actual sobre estas redes neuronales –descubiertas por un grupo de neurocientíficos italianos de la Universidad de Parma en la década de 1980, pero cuyo estudio está cobrando interés más general recién ahora– dice que muchos mamíferos (y los humanos entre ellos) están biológicamente condicionados para identificarse con ciertas acciones de sus congéneres.

A la luz de la resonancia magnética funcional –esas imágenes en las que el cerebro aparece coloreado en diferentes tonos según el grado de actividad en cada área– se ve que los grupos de neuronas que se activan en un primate cuando realiza un movimiento o acción sencilla (tomar una manzana, por ejemplo) también se activan simultáneamente en otro que simplemente observa esa misma acción. Esa suerte de “reflejo” de la propia acción en el otro (y viceversa: del otro en uno) es obviamente lo que llevó a categorizar su funcionamiento como “en espejo”. Pero la cosa fue mucho más allá de la observación de un fenómeno aislado y anecdótico en monos de laboratorio.

GOODBYE, COMPUTER

Primero fue el cerebro, después la computadora. Pero cuando la revolución microelectrónica permitió construir máquinas de cálculo más potentes y precisas, la ambición de obtener un cerebro artificial fue tal que los términos se invirtieron: el cerebro pasó a ser “la mejor computadora”, y su imperfección en tanto sistema informático, lo que nos hace humanos. Bien: es hora de desandar el camino.

¿Qué clase de computadora es ésta que se vale de los mismos dispositivos para realizar una acción y para observarla? (Y para peor, se presume que también para imaginarla).

El enigma desconcertó a quienes pensaban al cerebro como una máquina y fue necesario formular una nueva hipótesis “salvadora”: si es una máquina, pues se trata de una “máquina” con una fabulosa capacidad para imitar. Y aún más: para imitar sin procesos demasiado complicados, porque (una vez más) los sistemas de neuronas en espejo se activan por igual con la acción propia y con la acción ajena. De hecho, estos sistemas –que no están compuestos por neuronas especiales sino que es su función la que las distingue, y que no se encuentran en una sola parte del cerebro sino en varias– recibieron en principio el apodo casi peyorativo de neuronas “mono vemono hace”. Hoy dentro de la psicopedagogía estos “espejitos de colores” están llevando a replantear la importancia de la imitación en el proceso de aprendizaje, y “explican” desde el punto de vista neurobiológico, por ejemplo, la razón por la que los chicos parecen incorporar las actitudes reales que observan en sus mayores, mucho más que lo que éstos pretenden dejarles como enseñanza.

Así, transformados en soporte de una sorprendente capacidad innata para identificarse corporalmente en la acción del otro, las neuronas en espejo se convirtieron de pronto en un argumento capaz de refutar complejas teorías de la mente que, desde el psicoanálisis hasta la perspectiva cognitivoconductual, conciben a la acción como resultado de complejos procesos de interpretación y elucubración psíquica. Y todo será más sencillo aún –dicen– cuando aparezcan fármacos de acción más específica sobre estos nuevos targets neurobiológicos. ¿Será así de sencillo?

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

En abril de 2010, en el marco de un programa de investigación financiado por los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), se reportó por primera vez la observación de varios sistemas de neuronas en espejo en el cerebro humano, mediante estimulación magnética transcraneal.

Uno de los integrantes del equipo, el neuropsiquiatra italonorteamericano Marco Iacoboni, visitó a principios de este año la Argentina para un encuentro que organizó el grupo Adineu en la Academia Nacional de Medicina. Allí Iacoboni se manifestó más entusiasmado justamente ante las preguntas que, tal vez por su tufillo “psi”, parecían irritar a una audiencia más amiga de los paradigmas biomédicos: ¿Qué implicaciones tendría este conocimiento en la psicología de las masas? ¿Tendrán que ver con ellas las relaciones de liderazgo o de sometimiento que las personas establecen entre sí? ¿Qué pasa con las neuronas en espejo cuando uno se mira a sí mismo al espejo?

Respuestas, pocas. La posibilidad de controlar conductas “violentas” o “antisociales” está en el foco de interés: “Sería muy complicado, porque hay que admitir que de alguna manera, éstas forman parte de la libertad humana”, fue la respuesta en este punto.

TE ADIVINO LA INTENCION

¿Y lo de “leer la mente”? Iacoboni dijo que hay experimentos cuyos resultados habilitan a pensar que las neuronas en espejo también se activan en procesos de predicción de las intenciones del otro. Fundamentalmente en acciones tendientes a objetivos.

No estamos “condenados” por naturaleza a imitar, lo cual implica la existencia de mecanismos directos de inhibición de estos procesos imitativos. Y éstos responden a la memoria y a la información previa. Las neuronas que se activan al ver un brazo tomar una manzana no lo hacen cuando lo ven hacer el mismo movimiento pero contando con la información previa de que la manzana no está. En resumen: existen neuronas que, contando con cierta información previa, se activan ante la intención del otro, lo que para quienes gustan de títulos rimbombantes, significa que es posible leer el pensamiento.

Pero el panorama es variado: algunas neuronas en espejo sí se activan ante acciones simplemente parecidas a las observadas; otras, en cambio, son más sensibles a las imágenes auditivas. Etcétera.

Resumiendo, una interpretación filosóficamente pesimista de estos fenómenos asignaría a las acciones humanas un grado de automatismo e inconciencia mayor que el tolerable para nuestro orgullo. No un inconsciente con leyes propias y sensible al mito como propuso Freud, ni un inconsciente poético como el del Romanticismo, sino simplemente una imposibilidad (o mejor, una inutilidad) de pensar, porque sería previo a todo pensamiento: surge de mecanismos biológicos que funcionan en otras especies y en bebés con pocas horas de vida. Una interpretación más optimista apuntaría tal vez a la evidencia de que se piensa con todo el cuerpo; que la sede de la conciencia no puede ser sólo un cerebro, sino que es un cuerpo en el mundo, en circunstancias espaciotemporales determinadas y en relación con los demás.

sábado, 14 de mayo de 2011

La incapacidad para expresar emociones podría predisponer a sufrir enfermedades autoinmunes.

4/may/2011 · Psychotherapy and Psychosomatics. 2011 May

La alexitimia o incapacidad para expresar emociones y las enfermedades autoinmunes, parecen tener una asociación estadística significativa, cuya posible explicación podría tener que ver con el hecho de que la alexitimia podría provocar síntomas físicos o somáticos.

Así lo ha señalado un estudio realizado por investigadores portugueses, publicado en el 'Journal of Psychotherapy and Psychosomatics' que, sin embargo, descarta que exista una relación causal directa entre ambos factores.

Los pacientes con lupus sufren altos niveles de angustia psicológicos y necesitan mantener un contacto frecuente con su médico, así como psicoterapia o intervenciones de ayuda psicológica, además de intervenciones médicas y psicofarmacológicas.

El equipo de investigadores liderado por Antonio Barbosa intentó averiguar si existe un potencial vínculo entre la incapacidad para expresar emociones y el lupus eritematoso sistémico, una severa y compleja enfermedad reumática con manifestaciones clínicas muy diversas, cuya evolución clínica es impredecible y está caracterizada por exacerbaciones y periodos de remisión.

Las funciones físicas y psicológicas de estos pacientes se ven comprometidas por culpa de la imposibilidad para predecir de esta enfermedad y lo variable de sus manifestaciones. Estos pacientes parecen tener también dificultades a la hora de identificar, procesar, manejar y expresar emociones, lo que podría reflejar la presencia de alexitimia.

Los pacientes que participaron en este estudio, un total de 53, eran personas que habían solicitado una consulta sobre una enfermedad autoinmune en un hospital universitario. Por otra parte, los investigadores formaron un grupo de control de 31 voluntarios sanos entre la población portuguesa.

También se incluyó un grupo de control clínico formado por pacientes con urticaria crónica, una enfermedad crónica invalidante. No había homogeneidad entre las muestras de pacientes con urticaria crónica y el grupo con lupus en tres variables sociodemográficas: edad, residencia y educación.

Todos los pacientes completaron un cuestionario sociodemográfico y una corta entrevista clínica para valorar la información clínica relativa a su situación médica y psiquiátrica pasada y presente.

Después, estos individuos rellenaron cuatro test que valoraron la alexitimia(TAS-20), las dimensiones de la personalidad (NEO-FFI), los síntomas psicopatológicos (BSI) y las variables de calidad de vida (SF-36). Al mismo tiempo, los pacientes fueron evaluados clínicamente por un médico, quien les diagnosticó utilizando criterios internacionales.

Los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los pacientes con lupus o urticaria en las puntuaciones del TAS-20. Sin embargo, descubrieron que le grupo con lupus presentaba puntuaciones significativamente más altas en este test, en comparación con el grupo de control sano.

Tampoco se encontraron correlaciones significativas entre las variables clínicas y la alexitimia. Sin embargo, hallaron significativas correlaciones estadísticas entre la alexitimia y los síntomas psicopatológicas, como la depresión, la ansiedad, la psicosis y la neurosis.

También encontraron correlaciones con dimensiones de calidad de vida, como el dolor, la vitalidad y la percepción del estado de salud general. Para el grupo con lupus, la 'apertura' fue la variable independiente con mayor asociación, seguida de la depresión. En el grupo de pacientes con urticaria, los investigadores encontraron dos predictores: la neurosis y la 'apertura'.

Este análisis fracasó en su intento por encontrar una asociación entre las variables clínicas y la alexitimia. Una posible explicación para este descubrimiento podría estar relacionada con el hecho de que la alexitimia podría provocar síntomas físicos o somáticos, pero no en una relación causal directa.

domingo, 16 de enero de 2011

Batalla silenciosa entre madre e hija

Pequeña comedia humana
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
Domingo 16 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa


La madre se esforzó durante años para que su hija la adorara por siempre. Naturalmente, no se daba cuenta de aquel deseo íntimo, egoísta e inconfesable. Bajo la coartada de querer lo mejor para su hija, criarla en felicidad, prepararla para la vida, atenderla día y noche, bajo el lema de ser -como todas- la mejor madre del mundo, ella cocinaba a lo largo de décadas la droga infalible: ser adorada, ser todo y mucho más para esa pequeña mujer que tanto se le parecía. A medida que la hija fue creciendo -como todas- comenzó a rebelarse contra su madre y a tratar de diferenciarse para hacer su propio camino. Hubo varias etapas tormentosas. Primero la madre se sintió ignorada por esa hija adolescente que apenas le dirigía la palabra; luego tuvo discusiones violentas por salidas y materias y ropas mínimas y chicos. Más tarde hubo una disputa monumental por la carrera universitaria que había encarado: le costó muchísimo a la madre entender que la hija tenía algunos derechos, como la intimidad y la vocación. Le dolió terriblemente descubrir que su hija ya no la obedecía. Aunque, por supuesto, no se trataba de un problema de autoridad, sino de adoración. Su hija ya no la adoraba, la droga se había terminado. Entonces, sin tener conciencia de lo que hacía, inspirada solamente en las abnegaciones de madre, comenzó a agredirla. Obviamente, tampoco sabía que la estaba agrediendo: para la madre sólo se trataba de correctivos cariñosos, críticas al paso, señalamientos permanentes por el bien de su hija. Como había perdido la facultad de retenerla con el dinero y de colonizarla, la madre utilizaba la guerra de guerrillas. Cada vez que estaba cerca, cada vez que la llamaba por teléfono, aprovechaba para clavarle algún aguijón. Ese terrorismo doméstico volvía loca a la hija, a veces incluso la devastaba, y de hecho la iba alejando cada vez más. La lejanía apenó a la madre, después la enfureció. Los hijos son desagradecidos, empezó a murmurar la deidad caída. La relación de dominio y libertad continuó envuelta en cariño y amor filial, en solidaridades mutuas y conmovedoras, también en momentos de calma y mucho afecto. Como la hija se casó con un muchacho de buena posición económica a la madre -que todo le había costado tanto- le brotó instintivamente la bronca. "¡Qué fácil que les salen las cosas a ustedes! -le recriminó un día-. Cuánto derroche." La primera frase llevaba la etiqueta inadmisible de la envidia. La segunda era una admonición: no sean tan felices porque pueden perderlo todo. Esa admonición no se cumplió. La hija siguió adelante, vivió próspera y dichosa, y tuvo hijos. La madre se encargó de hacerle saber que a esos chicos los malcriaba, que elegía mal sus colegios, y que era demasiado dura o permisiva. Esto se combinaba con opiniones adversas que la madre dejaba caer sobre la casa, la decoración, la alfombra, el peinado de su hija y los hobbies de su yerno.

Cuando la hija cumplió cuarenta y entró en la crisis de la mediana edad, resolvió recurrir al psicoanálisis. Allí descubrió con horrorosa claridad todas estas pujas indecibles con su madre. Vino entonces un período de frialdad que no hacía más que calentar las cosas. Cinco años después, la hija, magnánima y ceñuda frente a una enfermedad de la madre, empezó a amnistiarla. Sobrevinieron largas temporadas de indulto y de decadencia. Hasta que la hija pasó a ser la madre de su madre, y todo fue olvidado y perdonado.

En ese instante justo, la hija de la hija dejó de dirigirle la palabra a su madre, y ésta supo por primera vez que ya nunca más sería adorada y que no valía la pena vivir sin esa droga. La batalla de su hija contra su nieta resultó aún más violenta que la suya propia, y aunque la abuela no metía baza una tarde en que la más chica de las tres se marchó dando un portazo la vieja dama largó una carajada larga y lúgubre. "¿De qué te reís, mamá?", le preguntó su hija hecha una furia. La abuela se puso seria de repente, se limpió las lagrimitas de la risa con un pañuelo y dijo: "De todas nosotras".

lunes, 3 de enero de 2011

El tamaño de la amídala cerebral se relaciona con la red social

01 ENE 11 | Publicado en "Nature Neuroscience"
Un estudio encontró que la amígdala, que tiene que ver con las emociones, podría predecir el número y la profundidad de las relaciones.

Medlineplus

El tamaño de la amígdala, la parte del cerebro en forma de almendra que tiene que ver con las emociones, podría ser un marcador de tener relaciones sociales ricas y variadas tan potente como la cantidad de "amigos" de Facebook, según afirman los investigadores.

Los científicos informan en la edición en línea del 26 de diciembre de la revista Nature Neuroscience que las personas que tienen redes sociales más grandes y complejas también tienen amígdalas de mayor tamaño.

Los hallazgos corresponden con investigaciones anteriores que encontraron que los primates también tienen una amígdala más grande, en relación con el tamaño general de sus cerebros y cuerpos. Al igual que los humanos, los primates viven en grupos sociales bastante complejos, lo que sugiere que una amígdala más grande ha evolucionado para ayudarles a manejarse en esos ámbitos.

También se ha mostrado que la amígdala tiene que ver con el miedo, la emoción y hasta las convulsiones, señaló Paul Sanberg, director del Centro para la Excelencia en el Envejecimiento y la Reparación del Cerebro de la Universidad del Sur de Florida en Tampa. Sanberg no participó en el nuevo estudio.

"Es parte de la sección 'vieja' del cerebro", explicó, lo que quiere decir que la amígdala es común a muchas especies distintas.

A principios de mes, investigadores que estudiaron a una mujer que no tenía amígdala encontraron que no tenía temor ante una amplia variedad de estímulos que por lo general asustan, como serpientes, arañas, películas de terror o una casa habitada por fantasmas. Tampoco respondió negativamente cuando se le preguntó sobre experiencias traumáticas de su pasado.

El estudio quizás fue el primero en humanos en confirmar que esa estructura del cerebro es vital para provocar el miedo, apuntaron los investigadores de la Universidad de Iowa, que publicaron su informe en la edición del 16 de noviembre de la revista Current Biology.

Para este estudio más reciente, científicos de la facultad de medicina de la Harvard y del Hospital General de Massachusetts pidieron a 58 adultos saludables de 19 a 83 años de edad que respondieran a preguntas sobre el número de personas con quienes mantenían un contacto regular y sobre el número de grupos sociales a los que pertenecían, que se considera una indicación de la complejidad de la red social de cada persona.

El volumen de la amígdala se midió mediante IRM.

Resultó que mientras más grande y compleja era la red social de la persona, más grande era la amígdala. Esto fue así independientemente de la edad o el sexo del participante.

Por otro lado, no hubo relación entre el número de contactos sociales y el tamaño de otras partes del cerebro.

Pero hubo cierta relación entre áreas del cerebro que tienen que ver con cómo la amígdala se comunica con otras partes del cerebro.

"Es importante saberlo para que podamos definir el papel de la amígdala y observar a los individuos que podrían tener problemas sociales", apuntó Sanberg. "Si comprendemos qué tiene que ver la amígdala en la conducta social, podemos buscar maneras posibles de ayudar a esa gente".

Los investigadores señalaron que estos hallazgos podrían tener un significado evolutivo. Una amígdala de mayor tamaño ayuda a las personas a gestionar relaciones sociales más complejas y el lugar que ocupan en ellas. Vivir en estas redes más complicadas, que a veces están llenas de desafíos, podría dar a los humanos una ventaja de adaptación sobre otras especies, añadieron.


FUENTES: Paul Sanberg, Ph.D., D.Sc., distinguished professor of neurosurgery and director, University of South Florida Center of Excellence for Aging and Brain Repair, Tampa; Dec. 26, 2010, Nature Neuroscience, online.

martes, 21 de diciembre de 2010

Aprender a escuchar

Reflexiones
Por Susi Mauer
Domingo 19 de diciembre de 2010 | Publicado en edición impresa LA NACIÓN


El lenguaje nos define y diferencia del resto de los animales. Como bien decía F. Dolto, "el bebe humano es un ser de lenguaje". La palabra, su materia prima, no habita solamente en el habla. El acto de hablar le da vida al lenguaje, lo hace viable, sonoro, lo lanza al terreno de la comunicación, del intercambio.

Es en el encuentro con el otro donde la palabra conquista su verdadero sentido. Y si en el otro no se encuentra la actitud de escuchar, sólo habrá voces, palabras en riesgo de convertirse en ruido. Pese a tratarse de uno de los cinco sentidos, la audición no se conquista naturalmente. Se trata, sobre todo, de un entrenamiento que involucra la crianza, la convivencia y la comunicación.

No nos escuchamos y, peor aún, no nos preocupamos demasiado por ello. Es éste el punto inquietante: la sordera de los oyentes.

El acceso del niño al habla está mucho más jerarquizado como logro que el don de la escucha. Seguir de cerca el proceso de adquisición de la lengua es, sin duda, apasionante. Las primeras palabras conmocionan. Y de allí en más, las redes de esos monosílabos iniciales van tejiendo la malla del lenguaje. El habla del niño va ganando fluidez, pero no necesariamente sucede algo análogo con su posibilidad de escuchar. Los escenarios de la vida actual complejizaron más aún esta realidad. Vayamos a un ejemplo, el de la telefonía adherida al cuerpo. En la última década, el pulso urbano ha cambiado sus ruidos de fondo. Ya no sólo molestan los bocinazos impacientes o los caños de escape aturdidores. El ruido de los teléfonos celulares interrumpe irrespetuoso en todo momento, en cualquier lugar, sin pedir permiso, sin pudor que lo inhiba, sin algo que lo detenga. La tecnología ha ampliado enormemente los alcances de la comunicación, pero también, en cierto sentido, los ha subvertido. El uso indiscriminado, y hasta nocivo, de la telefonía móvil hace más difícil aún nuestra ya escasa posibilidad de escucharnos. Por supuesto que el riesgo no lo aporta la tecnología y sus alcances; tampoco, su uso. Lo importante es cómo decidimos demarcar, desde nosotros mismos, cuándo estamos dentro, o fuera, del "área de cobertura". Solemos ser bastante maleducados para usarlo, hasta grotescos en ocasiones, y vamos deslizándonos hacia una dependencia creciente que no contempla ni al entorno, ni al interlocutor que nos acompaña, ni tampoco a nosotros mismos. Los encuentros son interrumpidos en forma intermitente, perdiendo los diálogos fluidez y naturalidad. El gesto de bajar la vista mirando al propio ombligo para leer disimuladamente un mensaje, o tipear a toda velocidad una respuesta, se nos impuso como un tic nervioso (uno es consciente de lo que le ocurre, pero no puede evitarlo). Alarmas disonantes, ringtones, rebuznos en tono vibrador, suenan en escenarios insospechados: en medio de un concierto, dentro de un baño público, en una charla de amigos en el bar.

En tal bullicio, perdemos registro de cuánto se perturba la comunicación humana. Como dice Santiago Kovadloff, "el ruido triunfa donde no deja oír... el ruido inhabilita siempre a su oyente".

Decir y hablar son imprescindibles pero no suficientes para que la comunicación se entable. Escuchar es una manera de interesarse por el otro. Es registrar que hay otro a quien prestar atención, a quien ofrecer atención. Recién en ese encuentro el lenguaje se torna una experiencia de intercambio, una experiencia de convivencia.

revista@lanacion.com.ar


La autora es psicoanalista; autora, junto con Noemí May, del libro Desvelos de padres e hijos (Emecé)